En las últimas semanas se ha instalado en el debate nacional un tema que no ha dejado indiferente a ningún sector. La polémica en torno a la Píldora del Día Después ha ido creciendo en intensidad, más aun en este momento, a sólo horas que el Tribunal Constitucional –máximo tribunal encargado de interpretar nuestra Carta Fundamental- haya emitido su fallo. Como estudiantes tampoco hemos quedado ajenos a la controversia, han sido características de estos días las cadenas de e-mails –comandadas por nuestro representativo CEHI-, las conversaciones en almuerzos, cafés, etc. Hasta nuestro querido metro ha sido escenario de los más álgidos debates. De las varias conversaciones que sostuve me gustaría responder dos interrogantes:1. ¿Dónde está nuestro derecho a elegir, ante la prohibición de la repartición de la PDD?
Para responder esta pregunta ocuparé un ejemplo bastante concreto. Imaginémonos la siguiente situación: “Vas caminando por una montaña, cuando de pronto te encuentras con una persona, al borde de un precipicio, decidida a suicidarse. Tú te acercas y le preguntas: ‘¿estás seguro que quieres hacerlo?’ Él te dice: “Sí, mira, la verdad de las cosas yo he decidido quitarme la vida. Creo que es lo mejor para mí, estoy actuando de manera totalmente libre, he optado por quitarme la vida, ese es mi bien, yo lo considero así, yo lo elegí, y sé que será lo mejor para mí”
¿Qué harías tú? Casi por instinto seguramente evitarías a toda costa que el hombre atente contra su propia vida, a pesar que él ya lo ha decidido, probablemente harías el mayor esfuerzo posible por evitar este final tan trágico. La libertad del hombre se enmarca dentro de ciertos principios básicos, donde el derecho a la vida y la dignidad humana son precisamente los primeros. Su trasgresión es la voz de alerta que tenemos hoy por hoy: en el momento en que vulneramos el marco dado por el Derecho a la Vida (artículo Nº3 Declaración Universal DD.HH.) cometemos el peor de los errores: hacemos que el hombre se vaya contra el mismo hombre, haciéndose esclavo de su libertad malentendida. Experiencias tan traumáticas en la Historia de Chile ya nos hablan de ello. Llegado el punto donde se socavan las bases de la sociedad libre y atentamos contra el Derecho a la Vida ¿qué nos queda para mañana?
¿Derecho a elegir? Claro que sí, en la medida que no atentes contra el Derecho a la Vida, que está primero. Sin vida no hay derecho a elección posible.
2. ¿Por qué prohibir la Píldora del Día Después, siendo que no siempre es abortiva?
Situación 2: “El cazador salió a cazar. En medio del bosque distingue entre las ramas un bulto que se mueve. Lamentablemente no alcanza a distinguir si es un animal o una persona lo que tiene en frente suyo. ¿Debe disparar?
Estamos de acuerdo que ante la duda, el cazador debe abstenerse de disparar. Ese es precisamente el principio ocupado por el Tribunal Constitucional para emitir su fallo: ante este órgano se acreditó una duda científica respecto a los efectos abortivos de la píldora. No se ha comprobado que no es abortiva, así como el cazador no comprobó que su víctima era animal. Ante este tipo de dudas debemos necesariamente tender a proteger la vida humana. Ante dudas de este tipo toda la doctrina de internacional de Derechos Humanos se inclina, sea el caso que sea, ante la postura que protege en mayor medida el derecho del afectado, léase derecho a la vida.
Los tiempos actuales se caracterizan por su alto grado de relatividad. “Todo se define desde la óptica que se mire”, muchas veces hemos escuchado. Estamos en el tiempo en que no hay una verdad, sino que se ha admitido que hay varias verdades, donde es el individuo quien define lo bueno y lo malo, el hombre es quien define lo mejor para sí mismo, siendo éste la medida de todas las cosas. Es este mismo tiempo donde las definiciones incomodan a muchos: es que la sociedad actual está temerosa de afirmar valores absolutos, arrasando con su vorágine relativista todo lo que se encuentre por delante, incluso el Derecho a la Vida.
A pesar del desalentador diagnóstico, me llena de satisfacción el saber que todavía habemos jóvenes que nos arriesgamos a afirmar que la VIDA es un valor absoluto, y que estamos dispuestos a ir incluso a contracorriente con tal de defender la dignidad de la persona humana en todas sus etapas. Amigos míos, no se trata de imponer visiones, simplemente se trata de defender la vida humana desde su concepción hasta la muerte. Parece que yo también creo en los Derechos Humanos ¿y Tú?
José Manuel Castro
Consejero Territorial Humanidades

